2015-07-08

Pintando recuerdos, sueños, impresiones...


Pintando recuerdos, sueños, impresiones...


He aquí mi primer intento serio con MyPaint, una aplicación gráfica de código abierto (open-source) para pintar digitalmente. En cuanto a la imágen en sí, se la dedico a la película animada de 1982, El Último Unicornio.


La existencia es algo tan frágil, efímero, y a la misma vez es extraordinariamente fuerte, resistente...

El concepto para esta ilustración lo concebí hace unos cuantos años como parte de un trabajo para la facultad, pero hace poco recién me di cuenta de aquello que la originó. La mente puede ser algo engañosa con esas cosas, y en principio no iba a hacer mención del filme, pero debo aceptar que es una imágen que probablemente no se me habría ocurrido si no hubiese visto la película El Último Unicornio. Así que me pareció correcto hacer referencia a ello y un poco rendirle homenaje a lo que fue mi fuente de mi inspiración, y una de mis pelis favoritas desde que tengo memoria. Pero primero, un poco sobre MyPaint.


Usando MyPaint


De dónde descargarlo: las distintas versiones se encuentran aquí, la última versión estable estará marcada como "latest release" (los "pre-release" son betas).

Tutoriales: existe este tutorial en español básico, aunque es de una versión bastante más vieja que la actual. Más actualizado es el manual de usuario en inglés. También hay un tutorial para crear pinceles en español y en formato .pdf (no sé si seguirá sirviendo para la versión más nueva), parece complejo pero allí está para quien le interese.

Versión que utilicé: 1.0 para Windows, 64 bit. Hay una versión 1.1 para Linux, pero están desarrollando una versión 1.2 para Linux y Windows. Por ahora no veo que hayan versiones disponibles para Mac.    

Lo que más me gustó del mismo: es gratis, liviano, muy fácil de usar y viene con un muy buen conjunto de pinceles. Uno puede crear o añadir más pinceles si se quiere, pero lo que me gusta de MyPaint es que ya viene con una linda variedad de entrada.

Enfoque principal: MyPaint es sólo para pintar o dibujar, no es un editor de imágenes como, por ejemplo, Photoshop. La intención está puesta más bien en reproducir una manera más tradicional ó menos vueltera de pintar, es uno, el lienzo y los pinceles, con el plus de tener capas (layers), poder deshacer/rehacer, hacer zoom, con algunas funciones menores más. En este sentido, es muy básico, uno no puede (al menos en la versión que utilicé) seleccionar, mover, recortar, transformar, usar máscaras, añadir efectos y cosas por el estilo. La importación de imágenes también es limitado, sólo se puede importar una imágen por proyecto. Por suerte sí tiene algunos de los típicos modos de fusión de capas (blending modes) como trama (screen) y multiplicar (multiply). Pero es precisamente este enfoque en la función de pintar/dibujar solamente que hace que el programa sea muy sencillo de usar y que no sea demasiado pesado para la computadora. Dentro de todo, es una muy buena herramienta para tener a mano, y que puede usarse para complementar el trabajo con otros programas (por ejemplo, se puede importar proyectos de MyPaint a Gimp, un editor de imágenes gratuito). 

Inconvenientes técnicos: lo usé en Windows 8 y 7, con una tableta Wacom Intuos Pro. De a ratos el programa no respondía del todo bien, especialmente al re-ordenar capas en el panel, a veces requería varios intentos. Pero lo más molesto era con Windows 8, pues el programa respondía con retraso al lápiz de la tableta cuando comenzaba un trazo, aunque una vez iniciado, fluía normalmente. Esto se vuelve algo problemático si se quiere hacer trazos muy precisos, pero para lo que buscaba con esta ilustración no fue demasiado incómodo.  


El Último Unicornio: algunas ideas


El Último Unicornio (producida por Rankin/Bass) a esta altura ya es una peli un poco de culto, nunca fue super popular pero ha fascinado a muchos que la vieron. Muchos espectadores, como yo, la vieron de niños, su efecto perdurando más allá de la infancia, puesto que nunca fue exactamente una película para chicos, con lo cual pudo ser apreciada aún más al volver a verla de más grandes. 

Esta imágen no existe exactamente así en la película, la modifiqué un cachín...

Está basada en la novela homónima de Peter S. Beagle, quien también escribió el guión para el filme. La novela no es específicamente para chicos tampoco. Aunque esto no quiere decir que El Último Unicornio sea sólo para adultos, sobre todo la película. Toca temas humanos profundos y complejos que afectan tanto a adultos como a chicos, recurriendo a un material de base que ambos pueden entender en mayor o menor medida, el de los mitos y el de los cuentos de hadas. Así que, si bien es comprendido de manera más cabal con los años, tiene una complejidad capaz de llegar a personas de casi cualquier edad; pero de ahí a que a uno le guste o no, es una cuestión individual de cada quien.    

El Último Unicornio, como todo buen filme, libro o producción artística, permite lecturas múltiples, con distintas capas de sentido. He leído el libro y su esencia se mantiene en la película (y fueron escritos por la misma persona), aunque son experiencias y expresiones distintas. Aquí me voy a dedicar más que nada a la película, que fue lo que me dio las imágenes para su mundo, las cuales influyeron mi ilustración de más arriba.

Se comienza en el bosque del unicornio, espacio de pura magia, de ahí su diseño más ideal, de ensueño. De aquí tomé mi
paleta de colores, pero los suavicé, pues buscaba un efecto más acuoso, indefinido, como de un sueño ó recuerdo lejano... 

El aspecto de la película que quiere destacar en este momento es que lidia con algo que está en todos nosotros: nuestra propia mortalidad. Es una certeza absoluta en nuestra vida, lo que realmente tenemos en común con todos los demás, esta inevitabilidad. Y es algo de lo que somos conscientes desde temprana edad, ni bien podemos pensar "yo soy, existo", somos auto-conscientes, y empezamos a comprender que nuestra existencia es finita. Pienso lo debemos sentir ó manejar de distinta manera dependiendo la edad, pero es una realidad que comenzamos a percibir desde muy pequeños. Y creo que este es el punto de partida de todo lo que hacemos en la vida, lo llevamos con nosotros siempre, no tanto pensándolo conscientemente, pero sabiéndolo, en el fondo de los fondos, una realidad ineludible. Y es duro, y algunos quizás lo manejen mejor que otros, pero siempre nos estará afectando de alguna manera u otra, nadie es verdaderamente indiferente. Y no es algo que podemos hablar ó pensar con facilidad de manera demasiado directa, pero necesitamos poder canalizar los sentimientos que provoca, de algún modo poder compartirlo, y nuestra habilidad para contar historias es una manera de hacerlo.   

Al crear historias lo transformamos en poesía, metáfora, donde podemos valernos de un Otro desde el cual observarnos a nosotros mismos. Y eso es lo que hace El Último Unicornio (su protagonista una criatura inmortal, un unicornio): desde la idea del ser inmortal, buscamos comprender ó afrontar el ser mortal. Ahora bien, la película de El Último Unicornio cuenta una historia, sí, pero por medio de imágenes y sonidos, como todo lo que es cine; y aunque me gustaría explorar la genialidad con la cual va desarrollando su narrativa, tendría que hacer un post ó entrada mucho más largo, ó una serie de ellos, para poder hacerlo con cierto rigor. Así que aquí sólo haré una interpretación más bien libre de algunos de los temas del filme.  

El unicornio deja su bosque y emprende viaje por el mundo de los humanos. El entorno se vuelve más realista, con una 
paleta de colores más natural y discreta. Para mí las partes más interesantes de la peli se dan en este segmento medio.  

Lo veo un poco así: la esencia de lo mortal, y de todo lo que existe, es la Impermanencia o la Transformación. Sabemos que incluso algo tan eterno como el Sol se encuentra en una lenta pero constante transformación, y a causa de ello en algún momento dejará de existir como lo conocemos, y nuestro sistema solar también desparecerá con él; y así es en todo el universo. Nada dura para siempre, "siempre" no existe (y elijo hablar de impermanencia o transformación y no tanto de el Tiempo, lo siento menos abarcador, usualmente referido como algo ajeno, fuera nuestro, mientras que el concepto de impermanencia enfatiza el cambio inherente de las cosas; lo que percibimos como paso del tiempo es en definitiva un continuo de pequeñas variaciones que por acumulación se nos hace notorio. La impermanencia es lo que determina el tiempo). 

Y debido a la impermanencia de las cosas experimentamos lo que es la Pérdida. Transformación y pérdida son dos grandes temáticas del filme. Algo cambia y deja de ser como era, se gana pero también se pierde, y suena raro pero es así, para encontrar algo hace falta dejar ir algo. La existencia está repleta de estas fuerzas en constante oposición, equilibrándose entre sí, y si no podemos apreciar esta necesidad de equilibrio, si no podemos aceptar la impermanencia e insistimos en aferrarnos a aquello que ya se fue, pues, digamos que la película aborda esto con su propia modalidad poética y perturbadora. Si no podemos soltar, no hay posibilidad de progreso, aferrándonos a lo que ya no es, nos limitamos a una egoísta y miserable obsesión, y aún así no nos libraremos del movimiento inexorable de la impermanencia de todo.  

El viaje lleva finalmente a una dimensión que no es del todo humana. Así el diseño vuelve a lo fantástico, pero más
desaturado, frío, despojado (y todo viaje de auto-conocimiento requiere un descenso hacia las pesadillas de uno, ¿no?).
                    
No digo que sea fácil, pero, si podemos aprender a soltar, y dejar de malgastar nuestras energías en fingir que podemos evitar que las cosas cambien, si nos permitimos sentir el dolor de aquello que se pierde, y bueno, se da algo que es casi mágico (un elemento importante en la película, lo mágico): cada cosa va encontrando su lugar, fluímos, aprendemos, crecemos, vamos redescubriendo al mundo, nos volvemos un poco más hábiles para ayudarnos y ayudar a otros, nos hacemos un poco más genuinos, y un poco más vitales, más vivos.

Y así dice el estribillo de la primera canción de El Último Unicornio: "Vivo" (I'm alive). Y no es mucho más que eso. Vivir implica cambiar, cambiar también implica morir. No hay recetas secretas, ni entrega de premios; porque sabemos de muerte, que nos rodea, que la llevamos dentro nuestro, también sabemos que estamos vivos, que somos, y comprender esto, sentirlo, no es poca cosa, es todo, si podemos apreciarlo o no depende de cada uno.  

Y porque la película aborda estas cuestiones sin ser pretenciosa, cursi o deshonesta, es en parte el motivo por el cual tiene un valor enorme para mí, así como para muchos otros también. Una verdadera joya del cine animado.